IX) No consentirás pensamientos ni deseos impuros.
El noveno mandamiento de la Ley de Dios nos manda que seamos puros y castos en pensamientos y deseos. Estos pensamientos y deseos impuros son pecado cuando la voluntad se complace en ellos, aunque no se realice el acto impuro; pero no son pecado cuando la voluntad no los consiente y procura rechazarlos. Por eso, la pureza de corazón se logra con la oración, la mortificación y la práctica de la castidad juntamente con la pureza de intención y de mirada.
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